Opinión


23/03/18

Claudio Acebo

  1. Todos a la calle

    Estas semanas se ha desatado una fiebre por tomar la calle. Manifestaciones para todos los gustos con objetivos bien diferentes, intentando que las protestas callejeras lleguen a los, a veces, oídos sordos de nuestros políticos. Los ciudadanos utilizamos la calle como segunda opción para que nos escuchen ‘los que nos representan’. A sabiendas de que la primera pasa por las urnas cada cuatro años; es el momento que tenemos de hacer balance a su gestión enfrentada a nuestros deseos. Únicamente quedaban los mayores para poner el grito en el cielo, llevan varias semanas recordando al Ejecutivo que son muchos, demasiados para ningunearles. Sirvan estas proclamas para definir de una vez los Pactos de Toledo, que valgan para cerrar al menos durante otras tres décadas una garantía y una estabilidad al trabajo desarrollado durante cuarenta años. El dinero a nuestros pensionistas no puede salir del mismo saco –contribuciones al sistema– porque las pensiones no contributivas debieran tener otro modelo de financiación siendo el Estado el que lo asigne. No conviene mezclar unas y otras, no es justo. Muchos se preguntan quejándose –y con razón– de la poca diferencia entre lo que cobran aquellos que nuca contribuyeron con un mes de cotización y los que religiosamente han cumplido pagando mes a mes la friolera de 40 años. La desproporción es brutal e injusta. Y todo eso que cuentan de las variaciones demográficas; que junto a Japón somos el país más longevo como recuerdan los estudiosos del tema, no es nuevo. Es penoso que algunos políticos salgan con la retahíla comentada. Más seriedad, por favor. No deja de ser curioso que los que protestaban por la precariedad en 1968 sean los mismos que cuatro décadas más tarde protesten porque sus gobernantes ponen en duda la viabilidad de sus aportaciones. Sí, la gente sale a la calle porque también tienen un nudo en la garganta al ver esos casos salvajes que ustedes conocen. Crímenes incomprensibles, algunos de ellos sin arrepentimiento, hacen que millones de españoles clamen el ¡basta ya! para tanto canalla que anda suelto. La Prisión Permanente Revisable es tema de actualidad. Su tratamiento es criticado por unos y otros sin que los políticos se pongan de acuerdo. El tema es serio: mientras unos piden una segunda oportunidad a pesar de la brutalidad, otros recuerdan que los asesinados ya no tienen esa oportunidad que algunos reclaman. País de contrastes.