Opinión


10/02/18

Claudio Acebo

  1. ¿Dónde está el problema?

    Menuda pesadilla mezcla de reivindicación y ‘postureo’ a cuenta de las mujeres y del mal llamado feminismo reivindicativo. De repente una ola de denuncias y protestas invaden tertulias, programas y actos sociales. Cualquier momento es bueno con el pretexto de la exigida y reivindicativa igualdad. Total, que todo se está mezclando con  opiniones para todos los gustos, como siempre. Queremos la equiparación salarial –algo justo– pero mal enfocado. Hablo de mi libro: las mujeres que trabajan en mi empresa cobran lo mismo que los hombres o al revés, como prefieran. Seguro que habrá casos como los que denuncian sindicatos y asociaciones, fáciles de resolver en el estatuto de los trabajadores, así lo creo. Otro apartado muy diferente, son las famosas cuotas porque sí de la presencia de hombres y mujeres en puestos de relevancia, juntas, etc… Por lo visto, ahora la sociedad perfecta debe compartirse al cincuenta por ciento. Me siento más cómodo teniendo a los/las mejores por encima de esas cuotas por decreto. Me decía un amigo: yo quiero que me opere el mejor. Si es una mujer, perfecto. Y así pensamos ahora el 95 por ciento de las personas (hombres); el resto no tardará en darse cuenta. Pero vayamos a las galas reivindicativas donde, por lo visto,  tiene que haber el mismo número de directoras, actrices, tramoyistas, jefes de sonido, producción… en un discurso confuso. Hay otras luchas que avanzan en la conciliación familiar: hace un siglo muchas mujeres lavaban los pies a sus parejas; años después las madres enseñaban desde pequeños ayudar en las labores domésticas; ahora, nuestros jóvenes se reparten en gran medida las tareas del hogar y eso se consigue con el paso de los años. Luego existen otras diferencias  en las que en la toma de decisiones algunos piensan que construyen una sociedad más liberal. Si quitas a las chicas del ‘paddock’ de la Fórmula Uno, se irán al paro. Y ¿qué hacemos con ellas? Pues que haya chicos: bien, vale… y también niños. ¡Pero si son menores y no pueden trabajar...! Vaya, vaya, lío a lo tonto. Aceptamos una sociedad con un culto al cuerpo, a lo bonito, y seguimos con el pie cambiado. Un anuncio de medias lo hará una mujer atractiva; uno de calzoncillos, un chavalón guapo, y así siempre por mucho que quieran enredar las insatisfechas. ¿Dónde está el problema? Luchemos por el respeto mutuo, eso nos hará mucho más libres, lejos de la facilona manipulación.

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