Opinión


12/08/17

Claudio Acebo

  1. Turismofobia

    Por si no tuviésemos poco con las locuras de grupos radicales en diferentes lugares de España, estos días se suman a un enredo más, con su pelea y disputa hacia el turismo. El por qué, nadie lo sabe. Pero estos grupos perfectamente identificados se empeñan en fanatizar una época placentera de nuestra economía. Basta recordar unos años antes de la crisis cuando el turismo se tambaleaba por el aumento de precios fuera de lugar alejándonos de esa media entre calidad y precio hacia otros rumbos más llamativos y exóticos lejos de nuestro país. Saltó la voz de alarma porque en Canarias no llenaban como era casi habitual y otros destinos peninsulares empezaban a tambalearse. Pero la historia se alió con el turismo placentero y tranquilo de España. Y eso que a primeros de 2011 comenzaron las revueltas en los países del norte de África en la denominada Primavera Árabe; aquello salvó la caída en picado del turismo en nuestro país. España respiró. A partir de entonces y a pesar de las crisis brutales, los destinos habituales volvieron a coger el impulso de años anteriores superando con creces las cifras anteriores. España se convertía así, en un lugar seguro con todos los condicionantes para aquellos que nos visitaban: sol, playa, cultura y por supuesto juerga, quizás excesiva en algunos lugares puntuales debido a esas ofertas mareantes que ‘se pillan’ desde el extranjero. Debiéramos recordar -–no merece la pena perder el tiempo con los agitadores– que nuestro país goza de un privilegio que ojalá se mantenga alejado del castigo integrista que sufren esos países del norte de África. A todos se nos ha pasado por la cabeza esa sin razón, esa locura de atentar en lugares residenciales, playas y visitas culturales a las que desgraciadamente nos tienen acostumbrados los informativos. Gracias a nuestro sol, nuestra cultura y a la política turística de décadas, apetece visitar España. ¿Qué más da lo que pase en Gibraltar, que pongan dados de  cemento en su puerto o que tonteen con sus fragatas costeras si el turismo británico se vuelca en nuestras playas? ¿Alguien se acuerda del estrangulamiento alemán con el cumplimiento de la deuda a sabiendas de que los alemanes están como Dios tumbados al sol? ¿Quién se acuerda del asalto a los camiones de verduras y frutas que recorren las carreteras galas, si Francia es el tercer país en número de visitas? En definitiva, las estadísticas pueden con todo: un 11% del PIB aportado a nuestra economía no está nada mal, está mejor; como los dos millones largos de puestos de trabajo que genera. Esos bobones merecen una contestación contundente porque habrá que recordarles que si nos quedamos sin turismo, dejarán de recibir ‘esas ayudas sociales’ que les dan para comprar palos, navajas y sprays haciendo el tarín por diferentes ciudades. Que tolais...

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