Opinión


07/10/15

Tomás Amparán

  1. El mundo en guerra

    En realidad el título parece más una serie de televisión de esas que analizan con todo lujo de detalles cualquiera de las dos guerras mundiales que hemos vivido, pero realmente hablo de la actualidad. Hace unos días que llevo escuchando y leyendo atentamente lo que muchos opinan sobre una supuesta tercera guerra mundial en la que estamos inmersos, y más cuando parece ser que tanto Rusia como China van a mandar tropas contra Siria para frenar el avance del Estado Islámico. Suena catastrofista, pero hace tiempo que es evidente que esa guerra ya ha empezado. El concepto de guerra mundial poco tiene que ver con el que todos tenemos en mente. Si analizamos las circunstancias de las dos grandes guerras del siglo pasado, vemos que fueron muy diferentes entre si en todos los aspectos, aunque la realidad es que entre una y otra sólo pasaron 20 años. Fíjense si no será distinta una guerra actual respecto a la última habiendo pasado la friolera de 70 años. Pero no son los años, es el propio mundo y la humanidad la que ha cambiado. No podemos extrapolar nada de aquello, hemos cambiado la visión del mundo, los sistemas políticos son muy distintos, por lo que una nueva guerra mundial nada tendría que ver con lo que hemos conocido. Pero en esta rueda de cambios si algo permanece invariable es el factor religioso, eso sigue inalterable a lo largo de los siglos.

    La verdad es que no me considero nada conspiranoico, y aunque me encantan dichas teorías, siempre he creído inocentemente en que los gobiernos tratan de defendernos y no suelen mentirnos en asuntos de extrema gravedad, siempre intento creer en las versiones oficiales. Dicho esto, hay un hecho objetivo e incuestionable que hizo cambiar el mundo tal y como lo conocíamos. Ese día es el 11 de septiembre de 2001. Aquel día el mundo cambió, se volvió más oscuro, más peligroso, se volvió más desconfiado, hasta ese día todo estaba controlado, sabíamos quienes eran los enemigos de unos y de otros, sabíamos cómo teníamos que defendernos y más o menos el mundo estaba controlado. Pero ese día empezamos a darnos cuenta de algo que habíamos olvidado, que la religión es más fuerte que cualquier estado, y quienes la manejan son más peligrosos que cualquier político. No podemos analizar lo que está pasando sin tener una visión religiosa de la situación, pensar que esto se puede arreglar por la diplomacia, hablando sentados en una mesa, es no entender lo que la historia nos ha enseñado. La única realidad y lo único cierto, es que la historia tarde o temprano tiende a repetirse, que la humanidad tarde o temprano comete los mismos errores y nunca aprende de ellos. Es terrible pensar que estamos en una guerra santa, porque nuestra mente se va a las cruzadas,  uno de los momentos más trágicos y absurdos de la historia de la humanidad. Pero la realidad es que estamos sumidos en una cruzada religiosa, y normalmente estas nunca acaban bien.

    La religión como hecho espiritual es algo innegable que está ahí, el ser humano por su propia condición debe creer en algo, llámenlo como quieran, al final el nombre es lo de menos porque muchas veces ese nombre viene definido por el lugar en el que nacemos y vivimos. Yo escribo esto desde una España católica, constitucionalmente aconfesional, pero religiosamente católica, y esto es así porque su pasado histórico ha definido el sentimiento religioso de la gente. Si esto lo escribiera desde Argelia, les puedo asegurar que mi punto de vista sería musulmán, si por un casual me encontrara en Israel les prometo que mi visión de la realidad estaría definida por el judaísmo, y si por el contrario escribiera desde la India, todas las palabras estarían impregnadas del hinduismo. Y así se divide el mundo, nos guste o no. Pero esa división es terriblemente complicada, entre otras cosas porque la comprensión de los conceptos y dogmas religiosos depende mucho de quien los predique. Miren, objetivamente la fe católica en si misma es igual para todos los cristianos, pero su comprensión depende mucho de si escuchas a Rouco Varela, o al Párroco del Barrio Pesquero, tu visión de la religión varía si tu realidad se centra en la Almudena de Madrid o en la Parroquia del Espíritu Santo. Pero aunque los preceptos religiosos son similares en cada religión, la realidad es que pueden interpretar de manera muy distinta en cada una de ellas. En nuestros Mandamientos se dice expresamente que no matarás, en cualquiera de sus variantes, nada justifica el hecho de matar a otra persona, bajo ningún concepto. En otras religiones la muerte se puede llegar a justificar a través de la Yihad, y esto representa un concepto de obligado cumplimiento para ellos. Ese término de Yihad o guerra santa, se puede interpretar de muchas maneras, y de hecho se hace, pero aunque un grupo determinado quiera interpretarlo desde el punto de vista más radical, la cosa se complica exponencialmente.

    Decía un famoso autor que en occidente nunca volveremos a vivir una revolución social ni de ningún otro tipo porque hoy en día la gente tiene muchas cosas que perder. Cuando se tienen cosas se intenta protegerlas, no perderlas, te vuelves conservador. Eso hace imposible que la gente deje lo que tiene para echarse a la calle y poder perder lo mucho o poco que tenga. En la otra mitad del mundo eso no ocurre, el concepto de posesión que tenemos nosotros, ellos no lo tienen. Poseen tan escasos bienes que perderlos no les supone ningún problema, por lo que luchar y morir así es relativamente fácil. Y más si desde sus iglesias se les dicen que la muerte en la lucha conlleva el Paraíso celestial. Nosotros, desde nuestra mentalidad occidental cristiana no entendemos esos conceptos, nos quedan muy lejos, la muerte es algo trágico que no acabamos de comprender. Pero para ellos es muy cercana, terriblemente cercana, han aprendido a convivir con ella. Nos enfrentamos a un enemigo que no tiene nada material que perder, que lucha porque su fe se lo exige, y no tienen miedo a morir porque su recompensa no está en este mundo. Para muchos, entre los que me incluyo, uno de los ejércitos más valeroso e importante que el mundo ha visto fueron los Tercios españoles, eran invencibles porque no tenían nada que perder, su fe era tan grande como su valor, y no tenían ningún miedo a morir porque pensaban que la idea de morir por una patria y un Rey era más importante que el hecho físico de la muerte. Los radicales del estado Islámico cumplen todos y cada uno de esos principios, lo cual les convierte en enemigos temibles. Cada uno de sus muertos es un mártir, en cambio cada uno de los nuestros es una losa en nuestras conciencias.

    No quiero de ninguna manera con estas líneas justificar la guerra, pero vivimos unos acontecimientos que occidente no quiere ver. La realidad que les he contado, tan fría y terrible es una opinión. No pertenezco a ningún servicio secreto, ni tengo datos que ustedes desconozcan. Sólo observo la realidad, intento analizar lo que pasa, y viendo cómo actúan unos y otros saco mis propias conclusiones. Dicen que un pesimista es un optimista bien informado. No me hagan caso a mi, lean lo que dicen los demás, analicen los hechos objetivamente y saquen sus propias conclusiones. Si cabe algo de optimismo en todo lo que está ocurriendo estaré encantado de escuchar lo que dicen. Mientras tanto me iré con mi pesimismo a otra parte, preparándome para todos esos momentos tan complicados que están por llegar.

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