Opinión


22/08/18

Tomás Amparán

  1. Apuntes de una Feria terminada

    Ha pasado un mes ya desde que diera comienzo la Feria de Santiago y creo que es buen momento para hacer una reflexión. Las cosas en caliente hay que dejarlas reposar, yo soy más de comida templada, y para escribir ciertas cosas, es mejor hacerlo en frío. Si me permiten no quiero hablar tanto de cómo ha transcurrido artísticamente la feria, cualquiera de mis queridos compañeros contertulios en Teiba fm lo harían muchísimo mejor que yo. A mí me gustan esos apuntes, esas reflexiones que se van olvidando en el tiempo pero que me gusta recordar para no olvidarlas. Y es que algunos tenemos la osadía de intentar lograr una feria que sea una referencia, aunque para ello debamos decir cosas que a algunos no les guste escuchar, en este caso leer.
     
    La feria de Santander está sufriendo una pequeña transformación, ha pasado de ser una feria muy seria a dejarse llevar por la autocomplacencia, la comodidad y el pensar que las cosas salen solas hagas lo que hagas. Nada es bueno porque sí, cuando algo es bueno, y piensen en lo que quieran, es porque se trabaja mucho y porque se hacen muy bien las cosas. Y muchas veces a pesar de estas dos cosas, nada sale como te gustaría. Digo esto porque si tenemos que hablar del resultado de la feria, casi todos van a coincidir en que ha sido muy bueno, claro que hay detalles por pulir, pero en general, casi todos salen encantados. Sobre las bondades de la Feria ya está todo dicho, lo hemos repetido por activa y por pasiva. En la formación de los carteles todos coincidimos que ha sido la mejor confeccionada de los últimos años, y eso es mérito del Consejo. Pero siempre hay un antes y un después, del antes se ha hablado mucho y bien, así que yo voy a referirme al después.
     
    Pero digo casi todos, porque hay algunos, que sabemos que nunca recibiremos el premio al “aficionado ejemplar”, que seguimos pensando que no hay detalles que pulir, hay ciertas cosas fundamentales que remendar. Con la perspectiva del tiempo, denominarnos la Feria del Norte, es una mala broma. Y no porque no haya mimbres para serlo, que los hay, sino porque nos conformamos con lo que tenemos y no ponemos mucho interés en solucionarlo. Soy más consciente de nadie que la empresa es Municipal, que tiene que hacer encaje de bolillos para justificar unos resultados. A veces lo que es una ventaja se puede convertir en un inconveniente y me parece correcto que miren el aspecto económico, ellos son los que tiene que ir al Pleno a justificar y seguir peleando para que la feria se haga otro año más. Pero en una feria donde se ha aumentado el número de abonos, donde se ha aumentado el número de espectadores, donde ha habido dos corridas televisadas, donde ha habido una media de 6.500 espectadores en 7 días de festejo (que ya los quisieran para sí el 90% de la plazas de este país) es imposible que tengamos que estar tan preocupados por el aspecto económico. Y si hay que estarlo, algo nos perdemos o algo no nos cuentan. Y  ese tiempo que pasamos revisando esto es tiempo que se pierde en intentar hacer de esta feria algo mucho mejor.
     
    El nivel del ganado de este año ha sido impresentable, me pueden tratar de convencer de lo contrario, y de ahí viene el comentario inicial sobre la autocomplacencia. Exceptuando la corrida de La Quinta, el resto ha sido un fracaso en lo que a presentación y juego se refiere, corridas remendadas, muchas de ellas con problemas en los corrales, presentaciones lamentables que se han tapado porque algunas han embestido ligeramente en la muleta. Y como colofón final, la vergonzante vuelta al ruedo del último toro de la feria  y la sonrojante salida a hombros que hemos regalado al mayoral de la ganadería de Jandilla, en un encierro que sólo tomó una vara, ¡una! en toda la tarde, algo que para mí no puede justificar de ninguna manera el ser merecedora de tales elogios.
     
    Sobre los toreros poco voy a decir, más allá de esperar con ansia a ver si el año que viene repiten el ínclito Morante y el tal Manzanares, dos toreros que demuestran año tras año que a lo único a lo que vienen aquí es a cobrar y a pasar el rato. Y que nadie me diga que no hubo toro enfrente, porque estos señores eligen las ganaderías, piden toros y torean lo que a ellos les da la gana. Reirse de una afición como la de Santander, como han hecho estos dos elementos, tiene que costar un precio y deben salir de los carteles inmediatamente, y con ellos el culpable de este desaguisado, Matilla, un personaje que es uno de los responsables de que la Fiesta a la que tanto amamos se esté resquebrajando de la manera inexorable que lo hace.
     
    Y por último la afición, de la que formo parte, una afición como siempre respetuosa, agradable, conformista, una afición de Semana Grande, escondida el resto del año y representada por una Federación de Peñas que esperemos que siga escuchando las voces de los aficionados, y que además de hacerse fotos con el Consejo día sí y día también trabaje durante todo el año para mantener viva la llama de la afición. Y desde aquí lo digo, una Federación que sabe que cuenta con el apoyo de todos, si así lo quieren.
     
    Respecto al museo taurino, las entradas regaladas, el vergonzoso estado de los corrales, la falta de mantenimiento y la dejadez de la plaza durante 11 meses al año, no hace falta decir nada, porque todos en “petit comité” hablamos de ello y sabemos de sobra lo que hay. Sobre el edificio de la Plaza de toros, infrautilizada vergonzosamente y abandonada de agosto a junio, si no fuera por la Asociación Taurina de Cantabria empeñada desde hace años en abrir la plaza todos los sábados para el disfrute de todos aquellos aficionados que aman la tauromaquia desde ese espíritu joven y trabajador que los caracteriza, hablaré en otro artículo porque este tema sí que quiero tratarlo un poquito más adelante. 
     
    Y del Consejo de la Plaza, simplemente que tomen nota, que mi interés sólo y exclusivamente es intentar que esto cada vez sea mejor, y aunque me vean ácido, contundente y mordaz, ellos deben saber que unos cuantos, entre los que me incluyo, estamos a su lado, defendiendo su labor y apoyando su gestión. Y a todos los santanderinos sólo decirles que esta Feria es una referencia nacional, algo de lo que nos debemos sentir orgullosos, un acontecimiento que a la ciudad no le cuesta un euro y le supone incontables beneficios. Sintámonos todos orgullosos de lo que vivimos en las Fiestas de Santiago y trabajemos entre todos para conseguir que esta sea realmente la Feria del Norte, pero de verdad.

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