Opinión
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Si nunca hubiera habido Navidad
Para muchos, la Navidad es irritante, empalagosa, momento de hipocresías y monsergas o, en el mejor de los casos, una linda patraña. Se pugna en muchos frentes por suprimirla, porque las patrañas sobran, porque los tiempos piden verdades; ni Dios se hizo hombre ni Jesucristo nació de una virgen ni fue parido en un pesebre al calor de una mula y un buey.
Pero el hecho es que, para ser una mentira, la Navidad ha tenido recorrido, ha alcanzado una importancia tan grande en la historia de la humanidad, que asombra imaginar lo que hubiera sido de ésta si nunca hubiera venido al mundo, real o ficticiamente, un hombre llamado Jesús, fundador de una religión que, dos mil veinte años después sigue siendo la mayoritaria en el mundo.
Sin ese hombre, y sin sus continuadores o intérpretes (Pedro, Pablo, Juan, Mateo, Lucas, Marcos etc.), el Imperio Romano hubiera oscilado durante tres o cuatro siglos más entre el mitraísmo y otras religiones mistéricas de Oriente Próximo antes de sucumbir a las religiones de los bárbaros del Norte: la adoración a los dioses guerreros, la sangre, la venganza, la fuerza. Ni Europa ni América hubieran conocido nunca el valor de la paz verdadera, basada en la igualdad y en la justicia, ni hubieran eliminado la esclavitud ni hubieran valorado a la mujer ni a los niños, ni hubieran edificado jamás una sociedad donde el amor y la compasión constituyen sus valores o ideales máximos, aunque siempre imperfectamente realizados.
Bien sabía eso Nietzsche, que, en su odio obsesivo al cristianismo, maldijo esos dos valores y trató de subvertirlos,. convencido de que la vida en Europa sería mucho mejor. El nazismo lo hizo por él. El nazismo es la exaltación de la raza germánica, depurada de sus rasgos cristianos. El nazismo ha sido el intento más claro, y el más reciente, de borrar la Navidad del mundo. Pero también lo fue el marxismo, y lo es en sus sucedáneos actuales. Sólo que el marxismo tiene impronta judeocristiana e iconoclasta; por so, el marxismo y esos sucedáneos son, realmente, herejías cristianas, mientras que el fascismo y el nacionalsocialismo fueron resurrecciones horrendas del paganismo precristiano.
Si el mundo no hubiera tenido noticia de la Navidad, Europa se hubiera desangrado en una sucesión interminable de guerras, devastaciones y flujos migratorios agotadores, y nunca hubiera progresado como lo ha hecho, con las universidades, las catedrales, Bach, Da Vinci, Shakespeare. O más probablemente nunca hubiera existido Europa. De acuerdo, tampoco se hubiera fabricado nunca la bomba atómica ni la inteligencia artificial que nos va a eunuquizar a todos la inteligencia natural, pero el arte y la civilización que tenemos se hubiera quedado al nivel de Mongolia, de Pakistán o del Magreb.
Si nunca hubiera existido la Navidad, el ambiente no nos aturdiría un mes al año con esta vanidad del consumismo sin freno, de las fiestas más cutres y de las felicitaciones más vacías, pero la humanidad tampoco hubiera tenido la figura de un padre y de una madre que dan su vida por nosotros, que nos aman por nosotros mismos, no por lo que somos y valemos, y que nos enseñan a amar a nuestros semejantes como a nosotros, a ver en ellos un prójimo, un hermano.
Patraña o verdad, sin este ideal la humanidad sería, está empezando a serlo ya, un asco.