Opinión


19/06/18

Javier Domenech

  1. And the winner is...

    A la hora de elegir un candidato para asumir la dirección de un partido  político y pretender gobernar un país, hay varias cuestiones que se deben exigir. De una parte la solvencia personal, pero además  que trasmita un proyecto político de alcance nacional que le identifique con un electorado ilusionado por su liderazgo, un  programa económico y un mensaje social.

    El mensaje nacional, implica la defensa de España como concepto y la defensa ante quienes pretendan su desestructuración en nacionalidades o autogobiernos. En aspectos económicos, se debe clarificar claramente cuales van a ser las prioridades, si aumentarlos impuestos, pagar la deuda, reducir el gasto público o promover la iniciativa individual. En aspectos sociales, aparte de clamar por la Justicia social, mensaje común exigible a cualquier formación política, debe clarificarse cuales serán las prioridades y qué medidas se tomarán para conseguir el dinero que permita mantener un estado de bienestar. Si en educación se  colaborará con la iniciativa privada o se dará prioridad a la pública. Si se está con Europa con toda sus consecuencias, incluida la política de defensa o no. Qué postura se va a adoptar frente a las olas de inmigración que llegan a Europa. Cuál va a ser la política energética,  si se va a cambiar el sistema electoral, cómo se va a ajustar la dispersión del estado autonómico y cómo van a abordar la modernización de la Justicia. No vale que prometan un AVE o una nueva autopista, ni que van a fomentar la creatividad, la manida I + D, o la cultura como pronunciamientos generales. No vale que se va a crear riqueza y que se reducirá el paro, como tampoco que se va a luchar contra la corrupción y el fraude fiscal. Eso son proclamas al aire. Hay que concretar las medidas sobre política laboral, pensiones y desafío al secesionismo.

    Los socialistas, con todos sus devaneos entre la radicalidad o la moderación, a la hora de gobernar nunca olvidan los componentes ideológicos. El nombramiento como Delegado del Gobierno del  Secretario del Partido en Cantabria es un ejemplo claro de que no les tiembla la mano a la hora de tomar decisiones. Podemos sigue empecinado en la quimera de que  todo cambie  y  creyendo que el dinero es maná llovido del cielo. Ciudadanos, aún se debate en casi todos los frentes, salvo en la defensa del concepto de España.

    El PP ha demostrado ser un buen gestor, especialmente notable cuando  soluciona los desmanes económicos de los políticos socialistas. Pero luego se queda estancado en los miedos para llevar a cabo su programa ideológico, cada vez más difuminado. No se  puede ofrecer como gobernantes a un cuerpo de tecnócratas por muy cualificados que parezcan. El gran error de su gestión en los últimos años ha sido precisamente dirigir al país olvidando la ideología que debe impregnar toda acción política y la toma de decisiones firmes sin atreverse a corregir con firmeza las imposiciones hechas por gobiernos anteriores y sin conocer otros pactos que los que no vayan acompañados de dádivas económicas al nacionalismo. Y desde hace décadas, sabemos como acaba la fidelidad de estos socios.

    A la hora de escribir estas líneas, se especula sobre quien dirigirá próximamente al Partido Popular. Acostumbrados al culto reverencial hacia el jefe, siempre  temerosos a los  debates internos,  hay que  esperar un nuevo cónclave que otorgue el cetro de oro al sucesor de Rajoy. Las ideas y los programas, teóricamente, serán los de siempre, que luego no se aplican. Pero entre los candidatos con  quienes se especula para dirigir al PP  se desconoce aún su mensaje político dirigido al electorado de centro derecha. Feijoo es un vencedor en las elecciones gallegas, del que  se desconoce mensaje político alguno a escala nacional.  Santamaría y Cospedal, son brillantes abogados del Estado, de las que se ignora casi todo, salvo su labor parlamentaria. ¿Cambiamos todo para que nada cambie?.  Pronto se pronunciará el esperado  “The winner is … “  y todos a aplaudir enfervorizados.

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