Opinión


04/12/19

Javier Domenech

  1. Piedad para los besugos

    Habrá quien no se lo crea, o quien aun no lo haya visto. Pero entre las asociaciones de defensa de los derechos de los animales, existe una, que hace días inició una campaña publicitaria de cartelería  en espacios públicos. No son grafittis ni pasquines pegados en las paredes, sino anuncios iluminados y a todo color , expuestos en las marquesinas de los autobuses . En ellas, aparece la imagen de un pescado, quizás una lubina o una merluza, con un anzuelo cercano a su boca, que creí que formaba parte de una campaña de consumo  ante las próximas festividades navideñas. Pero  la  leyenda de “ los pescados también sufren”, señalaba la razón de la publicidad.  Más abajo, otro rótulo llamaba a no comprar pescado durante una semana, como protesta ante el sufrimiento de estos animales. No se trataba de incitar al consumo de pescado, con sus proteínas y ácido grasos saludables, sino a detener su pesca y su venta, con el fin de evitar la crueldad de su captura.
     
    Los grupos animalistas se han dado a conocer en campañas contra la tauromaquia o como defensa de animales de compañías abandonados o maltratados. Mucha gente , evita el consumo de carne, no como hábito alimenticio supuestamente saludable, sino como protesta por el  estabulamiento y los mataderos. Incluso, en un momento existió una asociación que pretendía representar los derechos de los simios, como parientes más próximos del hombre. Pero nunca hasta ahora, estas actuaciones había alcanzado al mundo submarino.
     
    Esta denuncia de la crueldad humana hacia ellos, incluye sin distinción , la captura o crianza de truchas, rodaballos, mejillones, langostas o almejas, a las que habrá que sacrificar una a una, con sumo cuidado para evitarles la crueldad de una muerte enganchados a un anzuelo o envueltos en una red. El pobre animal, que antes vivía feliz entre las aguas, no sabe que el destino de muchos  acabará en la cazuela de comensales, que solo contemplarán la delicia de su carne sabrosa y se deleitarán con su guiso. Y por supuesto ignoran  que forman parte de una cadena de seres humanos cuya vida depende de que se les capture y se les venda. 
     
    Una semana sin su consumo, supone la suspensión de la actividad de los pescadores que se arriesgan en la mar, la de los astilleros que cuidan los barcos, la de los transportistas, y la de pescaderos y supermercados. El trabajo de  miles de familias, sería afectado por la suspensión de su comercialización, pero esto no parece tener importancia frente al sufrimiento de un bocarte  o de una merluza. Hasta aquí puede llegar la imbecilidad de algunos que entienden la conservación del medio ambiente y el respeto a la   naturaleza, ignorando que desde que el hombre es hombre y probablemente mucho antes, como ser omnívoro , la caza y la pesca forma parte de su medio para sobrevivir.
     
    Vivimos una época donde en la que hemos llegado a mezclar los derechos humanos , la búsqueda del placer y la huida de todo sufrimiento, para hacerlos extensivo a todo aquello que tenga vida. El planeta Tierra está formado por roca y agua, donde asienta la vida, en todas sus manifestaciones. No solo la  Humanidad está viva , sino también los vegetales, el placton, los musgos, y los insectos. A estos , ya se les  permite la supervivencia mediante la restricción del uso de plaguicidas con fines  ecológicos, pero de proseguir por la senda de evitar sufrimientos a todo ser vivo, llegará el día en que habrá que suspender la siega de las mieses, arrancar frutos de las  ramas de los árboles e incluso el empleo de antibióticos que eliminen las bacterias, seres vivos unicelulares , a los que quién puede negarles el derecho a vivir.  Y así llegar a un mundo, donde será la síntesis en laboratorios de proteínas y grasas  lo que nos permita  alimentarnos. Eso, si antes no se muere de hambre la humanidad, desprovista , como ahora se pretende, del consumo de carne o de pescado. 
     
    Por lo tanto, habrá que prescindir de una ración de gambas al ajillo, pulpo a la gallega o mejillones en vinagre, para evitar los sufrimientos de los pobres mariscos, cefalópodos o  crustáceos, previamente cocidos. Así que recuerden, tengan piedad de los besugos. Al menos durante una semana.

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