Opinión


18/01/17

Tomás Amparán

  1. Superviviente designado

    Hay una figura dentro del estado americano, poco conocida aquí, pero muy relevante dentro de la sociedad americana, por la cual siempre que el gobierno federal en pleno se encuentre reunido en un lugar se establece un protocolo por el cual, una persona designada por el Presidente debe permanecer escondida en lugar secreto, y en caso de catástrofe y el gobierno entero desaparezca, el sistema gubernamental americano pueda sobrevivir. En este dramático caso, esta persona sería el “superviviente designado” y pasaría a ocupar inmediatamente el mando del país como Presidente. Como pueden imaginar la designación de este sucesor traería un problema bastante lógico, y es que habría sido nombrado a dedo por el Presidente y no habría sido elegido por los votantes. Empiezo así este artículo porque quedan muy pocas horas para que Donald Trump sea investido como el 45º Presidente de los Estados Unidos, y he hecho esta introducción para dejar claro que el nuevo presidente no es ningún superviviente designado, ha sido candidato republicano a la Casa Blanca, ha dejado por el camino a Senadores tan importantes como Ted Cruz o Marco Rubio que no solo contaban con el dinero, también con el apoyo de cientos de miles de personas, y después de una carrera tremenda para conseguir el voto unánime de su partido, se ha tenido que enfrentar a lo que aquí algunos les gusta llamar “casta”, pero la de peor clase, esa que estaba personificada en una Hillary Clinton, que no fue capaz de plantar cara a un personaje estrambótico.

    Sé que cuesta digerirlo, sé que para una sociedad antigua, trasnochada, perdida en guerras de ver quien la tiene más larga, como la europea y en concreto la española, esto nos viene grande. No podemos entender que una persona como Donald Trump haya salido elegido y no lo entendemos porque nos cuesta entender el juego democrático. La gente tiene voto, y, con matices, vale lo mismo el voto del ejecutivo de Wall Street y el del granjero de Dakota del Norte. Nosotros no somos aun conscientes de la capacidad que tenemos los ciudadanos a la hora de elegir a nuestros representantes. Es verdad que no se puede extrapolar un sistema electoral y otro, es verdad que las votaciones, en si mismas, son radicalmente distintas en ambos países, pero el ciudadano decide allí igual que aquí. No podemos rasgarnos las vestiduras diciendo qué han votado “esos” cuando nosotros hemos dado un gobierno a un partido que lleva años financiándose ilegalmente, y lejos de castigar esa actitud, se la pondera dándole el gobierno. Pero no nos escandalicemos por los populismos, aquí en España tendríamos que estar acostumbrados a ellos, y en Cantabria ni les cuento. No pienso comparar a Revilla con Trump, entre otras cosas porque Miguel Angel Revilla fue mi profesor, y como tal le tengo respeto y cariño. Pero si hablamos de populismo, igual el nuevo presidente tendría que venir aquí a recibir unas clases… 

    Todos tenemos mucho por lo que callar, y mucha porquería que meter debajo de la alfombra. A mí no me gusta Donald Trump, yo he seguido muy atentamente toda la carrera electoral desde aquellos caucus de Iowa de primeros de febrero del año pasado hasta ese fatídico 8 de noviembre cuando el pueblo norteamericano elige a Trump como Presidente. Pero no soy un alarmista, ese pueblo americano que tanto criticamos ha sabido sobreponerse a muchas cosas y sus Instituciones están bien cimentadas como para que venga ningún loco a destruirlas. Igual se nos olvida que una vez se presentó un tal Ronald Reagan, que todo su mérito había sido ser un actor en Hollywood, y salió elegido Presidente. Igual se nos olvida que una vez el pueblo americano eligió Presidente a un tal George Bush hijo, sobran los comentarios. Que no se piense la gente que esto es peor que aquello, ni mucho menos. Habrá cambios, habrá nuevas políticas, me imagino que todos aquellos que han criticado y denostado a la administración Obama ahora estén dando palmas con las orejas, y hay muchos, aunque lo hagan en la intimidad. Pero Trump es un tipo listo, sabe que no puede hacer todo lo que ha dicho, sabe que está controlado por un partido que no le quiere y por un Congreso dividido que va a poner más de una traba a sus políticas. Hacer política mitinera es fácil, que se lo digan a los de Podemos, pero hacer política de verdad, en serio, en el Despacho Oval, es muy complicado. Parece que miramos a Washington y la luz que brillaba sobre la Avenida Pensilvania se empieza a tornar en oscuridad a medida que llegamos al 20 de enero, pero igual es nuestra percepción de país venerable que ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga que hay en el suyo.

    Sólo queda esperar, ver como transcurren los acontecimientos, y si el pueblo americano se ha equivocado, sabrán rectificar, no me cabe ninguna duda, pero ¿sabremos rectificar nosotros?

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