Opinión


27/06/21

Javier Domenech

  1. Malos momentos para llamarse Domenech

    Una de las consecuencias, que surgirán tras los indultos concedidos a quienes intentaron un golpe de Estado para independizar Cataluña es que se pondrá en tela de juicio todo el sistema de la Justicia española ante Europa y nuestro país quedará marcado como un lugar donde las leyes pueden ser injustas y su cumplimiento se cambia en función de los intereses del gobierno de turno.

    Desde hace años España, es solo una identificación geográfica, se ha desprendido de su historia, renegado de su cultura, cuestionado su esencia nacional y cada vez se parece más a aquellos países surgidos tras la desintegración de Yugoslavia, en un afán de crear nuevas naciones de histórica inexistencia, amparadas en idiomas locales o intereses de partidos políticos dirigidos por alocados irresponsables.

    Conceder un indulto que no ha sido solicitado y sin que exista señal de arrepentimiento alguno, sino la arrogancia de volver a cometer el mismo delito, supone cuestionar la seriedad de la Justicia española, desde el Tribunal Supremo al Constitucional y dar la razón a quienes pretenden la independencia de Cataluña para someterse a futuros chantajes. Desde los miembros de su parlamento, hasta los presos ahora indultados, desde el huído Puigdemont y su corte, hasta  quienes destrozan la convivencia en las calles o avivan desde los medios de comunicación el sentimiento antiespañol.  ¿Con qué bases se va a hacer frente a cualquier nuevo desafío de ruptura constitucional?. ¿Cómo resolver el acoso al que se ven sometidos los catalanes que se consideran tan españoles como cualquier otro compatriota?. ¿De qué han servido las inversiones millonarias realizadas a costa de otras regiones de España intentando calmar las ansias independentistas?. ¿En qué lugar queda una Corona que comprometió con sus palabras y presencia la integridad de la nación española?. ¿Qué valor tiene el sentir de los millones de españoles que, con independencia de sus ideologías, consideran los indultos otorgados como una burla al sentido común y a los sentimientos nacionales?. Se ha tomado una decisión no solo errónea sino que fomentará las razones de quienes pretendan lo mismo en otras zonas de España y de aquellos grupos que cuestionan la Constitución española, amparados en una exigua mayoría parlamentaria solo  sostenida por el apoyo de independentistas, herederos de los terroristas que causaron casi mil muertos, comunistas y grupos antisistema.

    Con este paso, Sánchez y sus aliados unidos, pretenden construir un nuevo modelo  de país, algo que jamás prometió y que nadie le pedido, destrozan el marco de convivencia mantenido durante siglos y la vigencia de una Constitución y una forma de Estado que se destruye, abriendo las puertas a un supuesto entendimiento rechazada precisamente por aquellos a quienes se beneficia. ¿Alguien piensa que con los indultos va a resolverse el problema de convivencia entre catalanes y de estos con el resto de los españoles. ¿O estamos abriendo la puerta a que el País Vasco, Baleares, incluso Galicia y Navarra puedan seguir ese mismo camino?.

    Pensar que con la independencia, Cataluña no entrará en la Unión Europea es de ilusos. En ella se buscan clientes  y los más elementales derechos se convierten en una burla, amparados en un bosque de normas. En su día les faltó tiempo para acoger a una multitud de países, cuando las fronteras del último tratado internacional de Helsinki en 1972, delimitaban con la adhesión unánime de todos, las definitivas fronteras europeas. Tras la desintegración de la URSS rápidamente se incorporaron a la Unión Europea una parte de ella, mientras surgían países que jamás habían ni siquiera existido a lo largo de la historia universal. Así que imagínense lo que puede ocurrir cuando es el propio país quien cambia su actitud de un día pata otro y pretende justificar lo incomprensible.

    Hace muchos, muchísimos años, una parte de mi familia paterna emigró de Cataluña y se asentó en Andalucía y Madrid. Otros quedaron allí, sintiéndose tan españoles como el resto. Desde hace tiempo, se ven obligados a aclarar que, aunque sean catalanes y amen a su tierra natal, son  españoles. Pero nadie les protegerá en una futura situación donde serán considerados como ciudadanos a los que deba integrarse o se vean forzados a buscar una convivencia pacífica alejada del lugar donde nacieron.

    Desgraciadamente son malos, muy malos momentos para que tu apellido sea Doménech.

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