Opinión


21/10/14

Tomás Amparán

  1. La última cruzada

    Es un hecho que la cultura occidental ha avanzado en la medida que la religión ha dejado de tener protagonismo en las decisiones políticas de los países. La Iglesia con su lento caminar ha sabido adaptarse a un proceso imparable que ha llevado a los países más industrializados e importantes a ser aconfesionales. No podemos entender la historia de Europa sin entender el hecho religioso, de ahí que esa absurda idea de no estudiar historia de la religión en los colegios sea ofensiva desde el punto de vista cultural y de la razón. Es totalmente cierto que los sacramentos deben aprenderse y ser comprendidos en la Iglesia, pero no es menos cierto que el hecho religioso como tal, la historia de las religiones debería ser obligatoria en cualquier colegio. Ha sido una evolución lenta desde aquella Edad Media oscura y terrible dominada por una Iglesia decadente y tan humanizada que era pecadora en sí misma, hasta estos tiempos que vivimos donde nos encontramos una Iglesia en lenta evolución, pero absolutamente independiente de los gobiernos y las decisiones políticas. El contrapunto lo tenemos en la práctica totalidad de los países árabes, que viven anclados en una eterna edad media de la que no quieren salir, donde la religión y sus circunstancias lo mueven todo, desde la forma de gobernar hasta la forma de comportarse de la gente. La involución en la que viven denota una forma de ser en la que la persona es secundaria dentro de una sociedad basada en la interpretación de unos textos sagrados adaptados a los intereses de los que mandan. Una sociedad guiada por clérigos nunca podrá avanzar, que es exactamente lo mismo que ocurre en la sociedad judía, politizada hasta el extremo por una religión que absorbe cualquier capacidad de desarrollo y de convivencia.

    Todos estos pensamientos los escribe alguien profundamente creyente, que ha vivido una Iglesia modesta y humilde que me ha enseñado a respetar al prójimo, a creer en la libertad de poder elegir y ser crítico con lo que ocurre a mi alrededor desde un punto de vista lleno de valores. Desde luego no seré yo quien diga que es lo mejor, no tengo esa capacidad porque considero que es algo personal en lo que nadie puede intervenir. Me duele saber que en el mundo árabe hay mucha gente que piensa y siente como yo, pero me duele más saber que toda esa gente está bajo el yugo de aquellos radicales que imponen la visión subjetiva e inmoral de una religión confeccionada a su medida para poder conseguir beneficios propios. Está mal visto hablar así de esta gente, lo vemos constantemente en la incoherencia de aquellos “valientes” que se dedican a menospreciar los símbolos de una religión católica, y a la vez se vuelven tan “respetuosos” a la hora de medir por el mismo rasero su libertad de faltar al respeto los símbolos árabes.

    Aquella Iglesia católica medieval que más arriba denominé inmoral y pecadora, fue protagonista de unas Cruzadas igual de inmorales que sólo servían para conquistar territorios bajo el estandarte de la Cruz, luchando contra ejércitos de la Media Luna. Pero no somos conscientes que aquellas guerras religiosas no se han terminado, porque desgraciadamente siguen hoy en día en vigor. Hagan un repaso a los últimos conflictos armados y miren cuanto componente religioso existe en ellos.

    Vivimos tiempos difíciles y no parece que nos preocupe mucho. Hay quien dijo que la III Guerra Mundial sería la última, y la lógica nos dice que con el armamento que hay hoy en día no sería de extrañar. Hay quien dice que esa última guerra mundial ya ha empezado, que comenzó aquel fatídico miércoles 11 de septiembre de 2001 cuando el grupo terrorista Al Qaeda cometió los atentados en Nueva York. Yo creo que aquello fue sólo el germen de lo que es la última cruzada, aquella donde un grupo de fanáticos religiosos en nombre de una iglesia hecha a medida y un dios manejable por los hombres, quiere volver a imponer aquella edad media superada por muchos y en la que todavía viven algunos. Les sonará muy catastrofista esta reflexión, pero los últimos hechos provocados por el grupo terrorista Estado Islámico (IS) debería preocuparnos. Decapitar públicamente periodistas, turistas o, miembros de ONG todos ellos occidentales, hacerse fotos con monumentos europeos que una vez, hace muchos siglos, pertenecieron al imperio musulmán, reclutar antiguos soldados de fuerzas armadas occidentales para conocer de primera mano los secretos de la seguridad nacional, y un largo etcétera, es a mi opinión, muy preocupante.

    Una lucha así sólo la puede empezar una persona que no tiene nada que perder, cuanto más tienes más conservador te haces y menos ganas tienes que te cambien tu forma de vida. Pero cuando no tienes nada cualquier acto que te de la posibilidad de ganar algo, te hace invencible. Ahora que se habla tanto de protocolos, no sé muy bien qué tipo de actuaciones tienen los países pensados para intentar parar estos actos terroristas. Pensar que la organización Al Qaeda se puede quedar pequeña al lado del grupo terrorista Estado Islámico, produce desazón y mucha inquietud. Es un problema de todos los estados, los de aquí y los de allí, los accidentales y los orientales. Quizás va siendo hora de apartar un poco las diferencias religiosas y culturales de cada uno y trabajar juntos para llegar a conseguir una paz que se me antoja muy difícil.

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