Opinión


10/03/21

David Bossu

  1. Agua pasada no mueve molino

    Dicen que agua pasada no mueven molino, y eso es la actitud que tiene que tener el conjunto verdiblanco respecto a lo que queda del campeonato en la primera fase. Hay que dejar atrás la derrota ante la Real Sociedad B, y comenzar a lamerse las heridas de la primera batalla perdida el pasado domingo. Ahora toca ser realista, las posibilidades son pocas, pero las hay, y a eso hay que agarrarse. La decepción ha sido muy alta, pero no queda otra que dar la cara en lo que resta de esta primera parte de la temporada.

    Vuelven las dudas al seno de la entidad santanderina, y eso es lo más peligroso que puede ocurrir, que regresen los nervios en el banquillo verdiblanco y comiencen a tomar decisiones que no sean las acertadas. Es más que evidente que la decepción e incluso el fracaso de la temporada sería una realidad si no se consigue estar entre los tres primeros. Sin embargo, desde la entidad santanderina quieren evitar en todo momento calificarlo como tal, ya que consideran que la palabra “fracaso” es demasiado fuerte en un proyecto como el de este año.

    Ahora mismo a día de hoy parte de la Dirección Deportiva del club cántabro está sumergido en una burbuja aislada y sin querer dar ninguna explicación a los movimientos y trabajo realizado hasta este momento. Una decisión que es muy respetable pero que bajo un punto de vista  objetivo es equivocada, ya que desde el otro lado de la barrera la normalidad debiera ser un punto innegociable. De igual manera, los abonados, accionistas y seguidores racinguistas tienen el derecho a saber lo que sucede en el entorno de la entidad santanderina.

    También hay que ser justos, y si estamos pidiendo responsabilidades tanto al cuerpo técnico como a los responsables deportivos, hay que pedirlas también a los protagonistas de cada fin de semana que están en el verde que no son otros que los futbolistas, ellos mismos son los que pueden dar vuelta a la situación,  y por lo tanto, también son responsables de la situación actual del equipo ya que de ellos dependen también que esta plantilla tenga la personalidad que se le presupone.

    Por otro lado, el técnico de Ondárroa  tiene en su haber demostrado que en algunos casos ha tenido personalidad en tomar iniciativas propias pese a las contracciones marcadas desde las Dirección deportiva de la entidad racinguista. Esperemos que en esta próxima jornada ante el Real Unión la apuesta sea clara y que la identidad perdida ante la Real Sociedad B y ganada a equipos que están en la parte baja de la clasificación, sirva para poder recobrar al menos las ilusiones.

    El duelo, la tristeza y la pena debe pasar a un segundo término, para que todo lo que vemos ahora negativo porque las cosas no se han hecho bien, podamos esta semana evaluar positivamente. En definitiva, mientras hay vida hay esperanza, y el Racing tiene muy leves latidos de vida, ¿esperanza? La que tiene toda la afición, que es lo único que queda del pasado glorioso.