Opinión


29/05/26

Iván Guerrero

  1. Error de la estrategia española y "romanceo" de la llamada "Hispanidad"

    El inicio de la unidad de España se marca con la boda de Isabel y Fernando. No fue una unión realmente sólo una especie de contrato matrimonial pues política y administrativamente no hubo, ni antes ni después, una verdadera unidad nacional (dinástica si), cosa esta de la cual todavía hoy en día seguimos, por desgracia, padeciendo sus consecuencias.

    Isabel no dejó inmiscuirse demasiado en los asuntos de Castilla a Fernando luego este se debió de conformar sobre todo con la política aragonesa que era más ''europea'' que la castellana.  El inicio del error de la estrategia española empieza cuando Fernando pugna por Nápoles con Francia. Toda la estrategia española fue a no permitir que Francia se hiciera dueña de ese territorio (y de Europa) y para eso se la debía aislar (grave error) en el continente mediante alianzas políticas. La más importante fue la hecha con los Habsburgo austriacos.

    Introducirnos con el tiempo, más y más, en la política europea debido a herencias territoriales cuando encima España no estaba del todo preparada por su casi inexistente colaboración de todos los recursos del territorio nacional (irónicamente, Castilla es la que puso toda la carne en el asador) y contra Estados fuertes y centralizados como Francia o Inglaterra fue a la larga una locura. Para conseguir una verdadera paz en Europa (los matrimonios ''dinásticos'' no sirvieron para mucho, más bien como quebraderos de cabeza) España tendría que haber derrotado a esas potencias para después uniformizado parte del continente (no vale sólo con la religión) como casi lo consigue Roma algo más de mil años antes, pero eso era imposible pues no estaba a nuestro alcance materialmente hablando.  

    Y es que meternos en los ''avisperos'' europeos de Italia, Flandes y Alemania, donde no se podía, por falta de medios, cambiar nada de esos territorios a nivel cultural o incluso político, era un suicidio. Esos problemas deberían haberlos ''comido con patatas'' los enemigos de España (Francia, Inglaterra...). Con todos los hombres y dineros que se gastaron en aquellos lugares se podría haber potenciado España por un lado y conquistado dos veces América y una África por el otro.

    Lo primero que debería haberse hecho es conseguir una integración y uniformización administrativa española, (a sangre y fuego si hubiese sido preciso en algunos lugares, como ocurrió en el sur de la península), con un poder central fuerte, base para desarrollar cualquier tipo de empresa posterior exterior. Una política ''industrial'' nacional, no dependiendo de las manufacturas extranjeras, teniendo como teníamos el monopolio sobre las materias primas coloniales, y no agotándose en guerras interminables europeas, sino en el desarrollo nacional y colonial. Haber proseguido, con más empuje, no con la política europea ''trasnochada'' como hasta ese momento (que se debió mirar de soslayo) sino con la política colonial en América, más profunda en África y, tal vez, también en Asia.

    Lo curioso e irónico también del caso es que en el siglo diecisiete, ya siendo tiempos de franca decadencia política española, todavía había autores insignes españoles que decían que para solucionar los males de España en ese momento debería haber resucitado Fernando el católico. Vaya diagnóstico y posterior conclusión. 

    En cuanto a la llamada ''Hispanidad'', término moderno, y que antes se llamaba con propiedad el día de la ''raza'', ha sido romanceada hasta extremos absurdos ya.

    En el fondo, defender la ''Hispanidad'' es defender la multiculturalidad, es decir, hacerle el juego a los poderes satánicos mundiales.

    El inicio de una cultura empieza por la raza que forja su propia idiosincrasia cultural, adaptada a su forma de ver el mundo. En la América española, no hay apenas una homogeneidad racial pues hay gentes de diversas razas y con ello de caracteres e incluso todavía de culturas heredadas de sus ancestros, indios o africanos. Porque te hablen en español (muchas veces mal) o sean cristianos no es suficiente para conseguir una perfecta integración y con ello entendimiento con esas gentes.

    Que haya movimientos ''indigenistas'', aunque dicen que sean financiados o no por los enemigos de España y ''patatín patatán'', no nos tiene que sorprender ya que hay todavía un alto porcentaje de descendientes de indígenas por aquellas latitudes. Nos guste o no, es su historia también, y no se la podemos negar.

    Allí en América existía la prueba de limpieza de sangre (que se lo digan a Simón Bolivar o a su padre) la cual señalaba que si tenías antepasados que no eran españoles no podías heredar títulos y dirigir nada de aquellas provincias. También estaban las castas y su estudio, una división de las razas que hoy en día nos quieren negar su existencia.

    Lo que está claro es que España no tenía suficiente población en la península para colonizar, como es debido, territorios tan extensos y por ello en muchos lugares tuvo que ''pactar'' con las poblaciones nativas locales. Nuestro buen trato o no con los nativos no era sólo por ser cristianos. Los ingleses, los franceses u holandeses lo eran también. Si, por ejemplo, España hubiese tenido un número de población como la de los Estados Unidos cuando atacaron a Méjico en la guerra de 1846-48 (creo que más de veinte millones de personas) ¿habría necesitado la ayuda y aceptación de tantos pobladores locales y con ello haber pactado tantas concesiones políticas con ellos?. Seguramente no y entonces la colonización hubiese sido mucho más distinta e incluso efectiva de lo que para mí lo ha sido.

Más artículos de Iván Guerrero

Histórico de artículos de Iván Guerrero