Opinión


14/11/16

Onésimo Pérez

  1. El tendido 7 de las Ventas y el ronquillo

    Mucho se ha hablado y escrito sobre el tendido 7 de la plaza de toros de las Ventas de Madrid. Unas veces para bien, las menos, y casi siempre para mal. En el se sientan muy buenos aficionados, también se ubican otros no tan buenos, de hay la polémica que genera en la plaza, generalmente durante la Feria de San Isidro. Pero no voy a hablaros de si el siete es bueno o es malo, de si tienen razón o no la tienen, os hablare del creador del tendido siete D. Luis Pelayo Bruna Alias “El Ronquillo”, de profesión taxista, para los aficionados que peinamos canas y que llegamos a conocerlo, sino físicamente, si por sus voces inconfundibles lanzadas en el momento mas oportuno para que toda la plaza se enterara. Los bocinazos del ronquillo a veces levantaban aplausos sembrando en ocasiones el regocijo en el graderío, en algún momento todo hay que decirlo tenía que escuchar increpaciones de los tendidos de la oposición, los de la sombra.

        Pero el ronquillo no desertaba siempre estaba allí en el 7 luciendo su calva y su voz que sonaba a caña rota de ahí su apodo El Roquillo. El currículum de este buen aficionado se escribe así:

        Nació en el pueblo de Daroca (Zaragoza), en el año 1897, con diez años se trasladó a Madrid con su familia y con 12 o 13 años empezó a ir a los toros y pegar bocinazos.  En la antigua plaza de Madrid, hoy palacio de los deportes, donde se hizo abonado del tendido 3, pegado al 2 como él decía, que debutó en la época del Bomba, Machaquito, y Vicente Pastor, de ahí pasó a las Ventas donde se hizo abonado de primera fila concretamente el nº 30 del tendido 7. Fue el impulsor y creador de la peña taurina “el 7”, sus bocinazos y gritos a los toreros desde su tendido le hicieron muy popular y estimado por los aficionados, generalmente era muy crítico con la lidia y pocas veces se equivocaba cuando aconsejaba a los toreros, por ejemplo cambiar la muleta de mano, torear por alto o por bajo etc, muchos de ellos le brindaron la muerte de sus toros y otros seguían fielmente sus consejos.

        Tal es el caso de Manolete y Pepe Dominguín, quienes dieron dos de sus mejores tardes en Madrid tras ser increpados por El Ronquillo. También influyeron en la empresa sus voces dirigidas a D. Livinio, el que fue gerente de la plaza de las Ventas y que a veces hacían efecto pero no en la autoridad, en esa época estaba prohibido meterse con el palco presidencial, según contaba o decía que le tenían advertido que tuviera mucho con dirigir sus improperios contra el palco. Decían que cierto presidente le dijo que quería contar con él, que esperaba que diera la voz para que el pudiera obrar con justicia, siempre que viera que era acertado lo que Ronquillo denunciaba.

        Algún disgusto que otro le supuso a Ronquillo su libertad de expresión, pues dos o tres veces le tomaron la filiación y hasta 7 veces fue invitado por la autoridad a abandonar la plaza para que no siguiera influyendo en las masas. No se vendió nunca al oro de los toreros, decía que de haberlo hecho no estaría sin tabaco como se decía en el argot taurino, ahora bien, como todos los humanos manifestaba tener simpatías por Antonio Bienvenida, a veces eran los mismos toreros lo que iban a pedirle que les diera una voz favorable, pero de manteca ni hablar.

        Dentro de las muchas entrevistas que le hicieron a lo largo de su vida como aficionado le preguntaban de que torero era partidario a lo que el contestaba, ¡del que demuestre ser torero de verdad en la plaza, yo no soy partidario mas que del toro!. Jamás aplaudía y nunca pedía las orejas, al ser preguntado que tal se llevaba con los toreros decía: _ Todos me saludan y a todos saludo; Una tarde Pepe Luis en el patio de cuadrillas me vió, vino hacia mí, me echó mano a la garganta y me dijo._¿ cómo andas de la garganta Ronquillo?, a lo que le respondí rápido, _ Yo bien y tú con las querencias y los viajes?, _ Pues bien también respondió con buen humor. Entonces nos encontraremos en la plaza, tú abajo y yo arriba.

        En el año 1958 en la revista El Ruedo, el periodista Santiago Córdoba le entrevistó sacándole muy buenas anécdotas de su vida como aficionado. Yo he querido plasmar algunas de ellas pues merecen la pena.

        Decía que en el debut de Bernardo y Ostos, dio el bocinazo para que se enterasen de que estaban viendo una becerrada, entonces el presidente lo mando llamar e hizo que lo acompañaran al palco para que presenciara la corrida desde allí “calladito”, así le echó el candado a la boca. Al preguntarle de que voz del Ronquillo hizo mas gracia al público, contó que una vez en la corrida de la beneficencia y que coincidió con la onomástica de la Sra del Jefe del Estado, dio la voz ¡Felicidades Dña Carmen!, la Sra asintió con la cabeza dándole las gracias y la gente lo aplaudió bien. Otro día salió Manolo Escudero luciendo un capote de paseo con la imagen de la Virgen de la Paloma, como en su primer toro no tuvo suerte, le dijo ¡Manolo que la Virgen lo ve todo! Y en el segundo corto la oreja. Otro muy gracioso y que fue muy aplaudido, cuando la escasez de azúcar, se lidiaba una corrida de “Terrones”, y como no salió buena gritó, ¡ estos toros no son de terrones son de sacarina!. Al preguntarle si iba gratis a los toros le respondió al periodista._ ¡ Por favor no me ofenda, voy a los toros porque me lo quito de los cines, de los teatros, del fútbol y de otros vicios, pero jamás me he vendido al oro de los toreros.

        Aquel taxista de Madrid, Luis Pelayo Bruna, apodado El Ronquillo, fue quizá la socarronería y su peculiar voz pregón de sus sentencias, las que dejaron impronta en el coso Venteño, hasta 1970 fecha en la que abandonó su localidad en el famoso tendido, la última vez que asistió a lso toros fue en octubre con motivo del festival a beneficio de los damnificados del Perú, en esa tarde El Ronquillo gritó con todas sus fuerzas, ¡Vaya par de jubilados!, dirigiéndose a Bienvenida y Dominguín, y se ganó una gran ovación. Murió en la residencia de ancianos de Carabanchel, el viernes 8 de Enero de 1971 a los 74 años, en los últimos años de su vida recibió una importante ayuda económica de los Formidables y la peña el 7, sobre todo el consuelo de muchos aficionados. La Diputación de Madrid tuvo la estupenda idea de colocar una placa en los accesos del tendido siete que durante tantos años ocupó y desde el que emitía aquellos ingeniosos mensajes de aficionado generalmente crítico de la lidia y más frecuentemente dedicados a D. Livinio, antiguo gerente de la empresa por aquellas fechas.

        No puedo pasar por alto citar a otro famoso y gran aficionado de la andanada del tendido 8, Juanito Parra, sus correligionarios le dedicaron un azulejo que se encuentra en la andanada del 8, donde tuvo su abono durante décadas. Los tres ya desaparecidos El Ronquillo, Juanito y D. Livinio, pero su recuerdo perdura. Lo mas importante de una plaza de toros es que tenga personalidad, eso lo sabía muy bien D. Livinio, y la de Madrid la posee muy acusada, grancias a Ronquillos y Juanitos, portavoces de la afición. Otros personajes les suceden ahora con mejor o peor fortuna, poco a poco se van sucediendo relevos en la hegemonía del 7, desde el Ronquillo pasaron otros, Felipe El Lupas, Demetrio El Ensabanao, hasta la actualidad regido por Faustino El Rosco y su inseparable amigo Pepe. Pero las Ventas continúa afianzándose, el reconocido 7 y sus críticas temidas por toreros ganaderos y autoridades taurinas.

        Yo siempre he dicho que en la plaza de Madrid si no existiera el 7 habría que inventarlo, con sus errores y sus aciertos, para que no sea una plaza mas. Como se despedía El Ronquillo en sus entrevistas ·”VIVA LA FIESTA NACIONAL”

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