Opinión
Más artículos de Juan Azcuénaga
- Mujeres en los ruedos de Santander
- Álvaro Domecq y Díez en Santander
- Álvaro Domecq y Díez en Santander
- Rafael de Paula en Cantabria
- Mujeres en los ruedos de Santander
- Algunas fechas importantes en la vida del torero santanderino Félix Rodríguez
- Centenario del fallecimiento de Darío de Díez Limiñana, torero montañés (I)
- El Dr. Santiago Ramón y Cajal en Cantabria
- Los toros y la política. Reflexiones en torno a los artículos sobre los toros en la guerra civil en Cantabria
- Aniversario del fallecimiento del Dr. D. Pedro Casado Cimiano
- El viaje del príncipe de Gales a España en 1623 y los toros
- El príncipe de Gales recaló en Santander, en 1623, en su viaje de regreso
- Se cumplen cien años del encarcelamiento en Santander de Rafael Gómez "El Gallo"
- Revisando la historia: Hace 111 años se inauguraba la Plaza de Toros de Castro Urdiales: 21 de julio de 1912
- Aniversario de la Peña Taurina Félix Rodríguez
- Primeras actuaciones de Félix Rodríguez como novillero en Cantabria (1923-1924)
- Turismo en la cueva de El Castillo (Puente Viesgo) hace 175 años
- Breve historia del desarrollo de la idea de un idioma internacional en Cantabria
- El Conde de Udalla

















Las corridas de toros de la "Feria" de Santiago de 1876
El programa previsto para las fiestas de Santiago de hace un siglo contemplaba dos corridas de toros, el domingo, día 23, y el martes, día 25, festividad de Santiago. El cartel de diestros se anunciaba ya a principios del mes de mayo, serían los mismos que actuaron el año anterior, o sea José Campos Cara-ancha y Fernando Gómez Gallito. Entretanto, continuaban los trabajos de reparación en la Plaza de Toros, esperando estuvieran concluidos a principios del mes de junio. Habían comenzado en enero e iban a incorporar mil localidades a la Plaza, para lo que se estaba invirtiendo unos doce mil duros y empleándose más de 50 trabajadores en las obras. Para las corridas se adquirieron toros de Vicente Martínez, de Colmenar Viejo (Madrid) y de Pedro Represa, de Fuentes de Ropel (Zamora), que cambió la divisa a encarnada y negra; estos últimos animales eran procedentes de la ganadería de Agustín Rodríguez de León, de la misma población, con cuya hija Victorina había casado, y eran los conocidos como del Pinganilloque habían participado en la inauguración de esta Plaza de Toros de Molnedo, en 1859.
También habían sido contratados «los picadores Manuel Calderon, José A. Suárez, Manuel Bastón y Emilio Bartolesí; y los banderilleros José Fernandez (Barbi), Manuel Campos, Pedro Campos, Manuel Lagares, Manuel Megías (Bienvenido) [sin duda, se trata de Manuel Mejías Luján, fundador de la célebre dinastía de los Bienvenida, nacido en la población pacense de este nombre] y Antonio Fuentes (Hito)». En esa relación no figura Antonio Pinto, de Utrera (Sevilla), quien resultaría cogido, como contaremos.
Lamentablemente, no se conservan los ejemplares de La Voz Montañesa de los años 1875 y 1876, que, sin duda, hubieran aportado el conocimiento cercano de cómo se había desarrollado la feria taurina en nuestra ciudad. Ha habido, pues, que recurrir a la prensa foránea para obtener la información.
El relato de la corrida del domingo nos dice que resultó regular, «dada la condición de los diestros encargados de la plaza». Los astados, también, estuvieron regulares; destacó, sobre todo, el cuarto que «murió como Dios quiso, porque la gente de á pié llegó a tomarle recelo». Parece que lo mejor de la tarde fueron dos pares de banderillas que colocó Cara-ancha al quinto toro. Se añadía que el público aplaudió algunas suertes y quedó satisfecho de la corrida. Gallito estuvo mal, muy mal. De los toros sólo dio juego el primero. En la lidia de este astado, el picador Antonio Pinto, a punto de cumplir los 50 años de edad, «sufrió una caída sobre la barrera que le impidió continuar trabajando»; se creía que era de gravedad, aunque parece siguió en activo hasta dos años más tarde. Del relato pudiera deducirse que fueron los toros de Fuentes de Ropel los que actuaron ambas tardes, aunque no podemos confirmarlo.
El segundo de los festejos, el del martes, día 25, con la plaza llena, ofreció uno de los espectáculos lamentables que han causado los festejos taurinos en los ruedos santanderinos a lo largo de los tiempos. Ya de mañana se rumoreaba que ninguno de los toros anunciados eran de lidia. La empresa, sin duda para acallar esos rumores, fijó anuncios informando «que agradecida á los favores que tenía recibidos del público» había decidido donar dos mil reales para las casas de beneficencia (otra información decía que 20.000 reales para los pobres del Asilo).
El primer toro, Ligero de nombre, con descomunal cuerna, conforme con los rumores, dio el resultado esperado, con la protesta del respetable; era un buey que recibió banderillas de fuego. El público había pedido la retirada, pero el presidente, que era el gobernador de la provincia, mandó poner las banderillas de fuego, no atendiendo la petición de los asistentes.
El segundo, Cantarillo, resultó todavía peor, lo que provocó, una vez muerto el toro, que se lanzaran gentes del tendido de sombra al ruedo, pidiendo a la autoridad que suspendiese la corrida. Así, decidió la autoridad que suspender la corrida suponía la devolución del dinero a los asistentes, para lo que dio un plazo de cuarenta y ocho horas y el dinero de las entradas no devueltas se destinara a las Casas de Beneficencia.
Se decía que finalizó «como el rosario de la aurora», pues los «dos primeros bichos huían acobardados como alma que lleva el diablo», por lo que el público, «no pudiendo reprimir su disgusto», se arrojó a la plaza, dando lugar a la suspensión de la corrida y la consiguiente devolución del importe de las entradas.
Como consecuencia de la falta de calidad de los toros, el empresario, Canuto Díaz Bustamante, demandó a Pedro Represa Lobato, propietario de la ganadería, celebrándose el acto de conciliación el día 28 de julio de 1876, al que no se presentó el demandado, que fue multado con cinco pesetas y las costas del juicio. No hemos encontrado más reclamación, pero la sanción parece ínfima.
Hemos tenido la fortuna de hallar unos párrafos publicados en La Voz Montañesa y reproducidos por otro periódico. Se preguntaba el diario local «¿Qué pasó antes con las autoridades y la empresa?» Opinaba La Voz Montañesa que «teniendo en cuenta la del resultado del reconocimiento por los veedores del ayuntamiento, que dieron los toros por inútiles, ¿debió darse la corrida? Creemos que no; que debió suspenderse para evitar todo conflicto; que si no lo hubo fué por la sensatez del público», público que quedó conforme, se decía «satisfecho», con la medida adoptada de devolver el importe de las entradas. No creemos que una persona que haya sacado una entrada para un espectáculo quede «satisfecho» con la devolución de su importe; en todo caso, aceptará la decisión adoptada, pero nada más. Finalizaban los párrafos copiados diciendo que «¡ojalá que lo sucedido ayer sirva de lección á todas las empresas para considerar al público cual se merece! Los abusos tienen un término, y este á veces suele revestir consecuencias lamentables para todos».
Este ha sido uno de los escándalos que han ocurrido en nuestras plazas de toros. En este caso, la causa era la presencia de astados ilidiables. ¡Cuán importantes son los toros en el espectáculo!